Algunas patologías uterinas, como el síndrome de Asherman, los miomas, las anomalías congénitas o los pólipos endometriales, pueden ser causa de infertilidad, aborto recurrente o parto prematuro.

Su diagnóstico y tratamiento es fundamental para conseguir un embarazo viable, siendo necesaria la intervención de profesionales y especialistas en ginecología y reproducción asistida.

¿Qué es el síndrome de Asherman?

El síndrome de Asherman es una patología uterina adquirida y poco frecuente.

Su principal característica es la aparición de cicatrices (sinequias uterinas), generalmente asociadas a antecedentes de legrado o cirugías intrauterinas, que provocan la formación de adherencias en el cérvix y/o entre las paredes del útero, generando que éste se deforme e, incluso, vea reducido su tamaño.

¿Cómo afecta el síndrome de Asherman a la fertilidad?

La alteración de la cavidad uterina por el síndrome de Asherman puede asociarse a problemas de fertilidad, incluyendo dificultades para la implantación del embrión y abortos de repetición.

También a síntomas ginecológicos como amenorrea secundaria, hipomenorrea o dolor pélvico, sobre los cuales hablaremos más adelante.

¿Por qué se produce? ¿Cuáles son sus causas?

Como ya hemos comentado, el síndrome de Asherman es una condición adquirida

Se presenta, en la mayoría de los casos, en mujeres que se han sometido a procedimientos de dilatación y legrado tras un aborto voluntario o espontáneo.

Otras causas que pueden provocar la aparición de tejido cicatricial en el útero son:

  • Infecciones pélvicas graves, como la tuberculosis y la esquistosomiasis.
  • Cirugías intrauterinas, como la miomectomía.
  • Traumatismos.
  • Endometriosis.

Según la International Asherman´s Association, esta alteración de la cavidad uterina afecta al 1,5% de las mujeres que se han sometido a una histerosalpingografía, entre el 5 y el 39% de mujeres con abortos involuntarios recurrentes y hasta el 40% de las pacientes que han sufrido un legrado por una retención de productos de la concepción después de un parto o por un aborto incompleto.

¿Cómo puedo saber si tengo síndrome de Asherman?

El síndrome de Asherman presenta síntomas comunes, entre ellos:

  • Ausencia de periodo menstrual o menstruación escasa (amenorrea) debido a que las adherencias obstruyen la salida de la menstruación desde el útero hasta la vagina.
  • Dolor pélvico o abdominal como consecuencia de la retención del sangrado menstrual.
  • Menstruación retrógrada. En algunos casos, las dificultades para expulsar el tejido endometrial durante la menstruación puede ocasionar que este se libere de forma retrógrada a la cavidad abdominal a través de las trompas, estableciéndose en forma de implantes de endometriosis.
  • Abortos de repetición por la deformación de la cavidad uterina y la imposibilidad del embrión de implantarse en las paredes del útero.

Cuando estos síntomas se presentan de manera súbita después de un legrado, un raspado u otra cirugía uterina, el riesgo de sufrir la enfermedad es bastante elevado.

Sin embargo, y puesto que esta sintomatología puede relacionarse con otras patologías ginecológicas, normalmente es necesario realizar pruebas más precisas para su diagnóstico.

Diagnóstico del síndrome de Asherman

En la mayoría de los casos, el síndrome de Asherman no se puede predecir ni prevenir.

El primer paso para saber si una mujer sufre esta anomalía es comprobar la presencia de adherencias y alteraciones en la cavidad uterina.

El ginecólogo revisará el historial de la paciente, por una parte, y realizará algunas pruebas, por otra.

Estas pruebas son:

Ecografía vaginal

Muy común en las consultas, rápida y poco invasiva, permite observar el interior de la cavidad uterina. Sin embargo, la dificultad para interpretar las imágenes obtenidas puede hacer que sea necesario recurrir a técnicas más especializadas.

Histerosalpingografía (HSG)

Es una radiografía combinada con un líquido de contraste que «dibuja» la forma del útero y las trompas. La imagen es tomada mediante una radiografía. Se trata de una técnica muy efectiva para detectar adherencias, obstrucciones y otras alteraciones uterinas como miomas o pólipos.

Histeroscopia

Si la ecografía y la histerosalpingografía no aportan datos concluyentes, los expertos harán una histeroscopia diagnóstica. O, lo que es lo mismo, introducirán una cámara hasta la cavidad uterina. Efectuar una valoración del síndrome de Asherman y establecer un diagnóstico preciso es mucho más sencillo con esta prueba, ya que permite ver las adherencias directamente.

¿El síndrome de Asherman tiene cura?

El síndrome de Asherman tiene un único tratamiento: cortar y extirpar el tejido cicatricial para que el útero recupere su forma y tamaño normal.

La intervención quirúrgica se realiza por histeroscopia, utilizando un pequeño instrumental y una cámara colocados dentro del útero a través del cuello uterino.

Una vez las adherencias han sido eliminadas, la cavidad uterina debe mantenerse expandida (no podemos olvidar que este síndrome se produce cuando se desencadena el proceso normal de cicatrización en el útero) utilizando diferentes métodos:

Catéter de Foley. Es una especie de «balón» que se introduce en el útero para que las paredes uterinas estén separadas mientras las heridas cicatrizan.

Colocación de un DIU.

Aplicación de un gel específico para evitar la formación de nuevas cicatrices.

El éxito del tratamiento del síndrome de Asherman depende de la gravedad de la patología: cuanto más severa sea, más probable es que las adherencias y cicatrices reaparezcan.

¿Es viable un embarazo con síndrome de Asherman?

Sí. Sin embargo, y aunque el síndrome de Asherman no impide la fecundación, la presencia de adherencias y el poco espacio en el útero comprometen tanto la implantación como el desarrollo del embrión, por lo que el riesgo de aborto espontáneo es muy elevado.

Además, en un embarazo con síndrome de Asherman, existen más posibilidades de problemas en la placenta (placenta previa y placenta ácreta) o incompetencia cervical incluso después del tratamiento, lo que supone un riesgo tanto para la madre como para el bebé.

Ante la detección de adherencias en la cavidad uterina, la recomendación general es realizar la intervención quirúrgica antes de buscar el embarazo o de iniciar un tratamiento de reproducción asistida.