Por norma general, un embarazo con esclerosis múltiple no se diferencia demasiado de cualquier otra gestación. Sin embargo, tener hijos es una decisión muy importante y, cuando una mujer sufre alguna enfermedad crónica como esta, es normal que le preocupe saber si puede poner en riesgo su salud o la de su descendencia, o qué consecuencias puede tener a corto, medio o largo plazo. 

 

¿Qué es la esclerosis múltiple y cómo afecta a la fertilidad femenina?

La esclerosis múltiple (MS) es un trastorno autoinmunitario, degenerativo y no hereditario que afecta al sistema nervioso central.

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Es decir, al cerebro y a la médula espinal. Al ser un trastorno autoinmune, son los propios anticuerpos, encargados de combatir las infecciones, los que, por error, atacan a los tejidos sanos del cuerpo.

Concretamente, a la mielina, un recubrimiento que protege las células nerviosas (como si fuera el protector de un cable eléctrico). Cuando la vaina de mielina está dañada, los mensajes entre el cerebro y el resto del cuerpo se ralentizan o no se transmiten bien.

En las fases iniciales, la esclerosis múltiple afecta a los músculos, al habla o a la vista de manera leve. Con el tiempo, puede incapacitar para escribir, hablar e incluso caminar, pero  la gravedad y sintomatología de esta enfermedad varía mucho de unas personas a otras.

Respecto a si la esclerosis múltiple afecta a la fertilidad de la mujer o a sus probabilidades de quedarse embarazada, la respuesta es que no. Aun así, es cierto que es más común en mujeres que en hombres entre los 20 y los 40 años, siendo habitual que comience a manifestarse en edad reproductiva.

 

¿Por qué la planificación es clave en un embarazo con esclerosis múltiple?

Las mujeres en edad reproductiva que padecen esclerosis múltiple y desean ser madres, deben consultar con su neurólogo para tener toda la información y elaborar un plan de cuidados antes, durante y después del embarazo.

Aunque no supone un impedimento concreto para ser madre, el embarazo puede afectar al desarrollo de la enfermedad o a cómo esta se manifiesta. Por ejemplo, algunos estudios indican que los brotes de MS en el embarazo son mínimos o se detienen, y las mujeres notan cierta mejoría en su día a día.

El motivo es que el cuerpo de la mujer está en un «estado excepcional» y su sistema inmunitario le impide rechazar al feto, lo que paradójicamente la protege de esta enfermedad. Sin embargo, tras el nacimiento del bebé, el sistema inmunológico de la mujer vuelve a la normalidad y los brotes pueden aparecer de manera más intensa.

Además, en el momento del parto hay riesgo de brotes y los especialistas tienen que estar prevenidos para controlar el dolor. Por otra parte, algunas mujeres con esclerosis tienen menos sensibilidad pélvica y les cuesta más pujar durante el trabajo de parto, por lo que existen más probabilidades de cesárea.

 

¿Hay que interrumpir el tratamiento para la esclerosis múltiple antes del embarazo?

En las visitas preconcepcionales suele preguntarse a la futura mamá si está tomando alguna medicación, ya que muchos medicamentos afectan al embarazo y al desarrollo del embrión y están contraindicados en esta etapa.

En el caso de la esclerosis múltiple, no existe una cura conocida, pero hay algunos fármacos que ayudan a reducir sus síntomas.

Uno de ellos es el interferón beta, que disminuye las recaídas y la propagación del daño nervioso. El problema es que el interferón aumenta el riesgo de aborto espontáneo y de nacimiento sin vida. Los inmunodepresores, que también se utilizan para tratar la MS, tampoco se indican en el embarazo.

Por norma general, la medicación preventiva debe interrumpirse antes del embarazo con esclerosis múltiple y reanudarse tras el parto o pasados los meses de lactancia.

De hecho, en estos casos puede recomendarse iniciar el tratamiento inmunomodulador justo después del parto y renunciar a dar el pecho para prevenir un agravamiento de la enfermedad.

¿Qué síntomas de la esclerosis múltiple pueden verse agravados con la gestación?

Aunque muchas mujeres con MS aprecian una mejoría durante la gestación, en casos graves en los que no se puede abandonar el tratamiento el embarazo está totalmente contraindicado.

Será especialmente importante lidiar con la fatiga y el cansancio, comunes en las personas con esclerosis múltiple y que en el embarazo se intensifican. La ciática, el dolor lumbar, los problemas urinarios o el estreñimiento son otros síntomas de la esclerosis que también aparecen en el embarazo.

Otra cuestión a tener en cuenta es la salud mental, ya que las mujeres con esclerosis tienen un mayor riesgo de sufrir depresión postparto.

 

¿La esclerosis múltiple reduce el riesgo de éxito en los tratamientos FIV?

En absoluto. Las técnicas de reproducción asistida están recomendadas para mujeres con esclerosis múltiple que no consiguen un «embarazo natural», aunque es necesario controlar exhaustivamente la cantidad de medicación hormonal y los niveles de estrés.

Estudiar la inmunología de la paciente y trabajar junto con su médico será fundamental para tomar las mejores decisiones y reducir riesgos. La esclerosis múltiple no provoca efectos negativos en la fertilidad femenina y la mayoría de los embarazos se desarrollan dentro de la normalidad, aunque pueden aparecer complicaciones como bebés pequeños para su edad gestacional, problemas para empujar durante el parto o un mayor riesgo de cesárea.

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